sábado, 22 de septiembre de 2018

Voluntad de Fuego

Hace mucho tiempo que no me daba el tiempo de escribir nada. Y no fue por flojera. Simplemente no había tenido las 2 cosas que necesito para esto y que tienen que darse simultáneamente: Tiempo y claridad.

Del tiempo, he tenido bastante trabajo y el cansancio a veces me gana.
Claridad, pues, tu ya mejor que nadie sabe que he pasado por un proceso muy difícil de tratar de entender ciertas cosas que me han atormentado.

Durante el viaje de ésta semana, el largo camino y el aburrimiento me dieron tiempo de quitarle un poco de espacio a éste tormentoso cerebro y ponerlo a trabajar resolviendo un tema lógico que me estaba complicando hace tiempo.

Y quise justamente dedicar éstas líneas a contarte que hoy, la claridad que había perdido hace un tiempo, la he vuelto a encontrar gracias a ti.

El tema es el siguiente: Tras enfrentarte a una situación sentimentalmente compleja, es correcta la reacción más obvia? O una reacción que bordea los limites de lo que la mayoría de la gente criticaría y llamaría estupidez, y que tan solo por ser fiel a la ideología romántica del amor y la voluntad se decide "implementar", dejando casi al azar ésta parte del destino en que se podría influir? .

Sin duda las cosas, o en este caso las reacciones "esperables" son simplemente aburridas. Pero salirse de los parámetros de lo común infiere un riesgo que yo si estaba dispuesto a asumir. Y aquí justamente es donde nació la gran duda que me molestó internamente: ¿Si se invirtieran las cosas, que reacción habrías escogido tú?. Con el tiempo me di cuenta que elegiste la misma que yo, y que no iba a darme cuenta hasta que el tiempo me lo demostrara. ¿Cuánto era el tiempo correcto y necesario? No lo tenía claro, no existe una medida para saberlo. Nadie tiene la respuesta.
Gracias a ti entendí, que no siempre la reacción más obvia es la correcta, porque se puede perder mucho más aún. Gracias a ti entendí, que el tiempo necesario para saber si nuestras desiciones son las correctas, disminuiría en la medida que se demostrara diariamente la "voluntad". Y ésta respuesta se puede aplicar a todo tipo de situaciones.

Gracias por tu voluntad.

Haber encontrado la respuesta a esa paradoja que enfrentaba a mi corazón con mi cabeza, ha hecho que se produzca una tregua interior que me satisface, por tanto sé que nuestro futuro juntos solo estará limitado nuestra concepción de la "Voluntad".

Ya cumplimos nuestro primer aniversario juntos, y créeme que con cada día que pasa, siento que te amo más que ayer. Cada día me siento más comprometido con éste amor, con ésta vida que queremos juntos.

Te amo y como siempre, de forma infinita.


domingo, 18 de junio de 2017

Snoopy

El día de nuestro primer encuentro noté algo de ti que sencillamente me encantó.

Fuera de lo que obviamente entra por la vista (que fue lo que primero hizo saltar mi corazón), fue tu manera de caminar.

Luego de un nervioso beso en la mejilla y un par de palabras cruzadas olvidadas y sobrescritas por la tensión, caminamos un par de cuadras en busca de algún lugar para engañar a los nervios haciendo trabajar al estómago.

De reojo me di cuenta que, a medida que caminábamos, tu altura aumentaba y disminuía con cada paso... Ese subir y bajar ya lo había visto en alguna parte, pensé. Algo que me había llamado la atención cuando pequeño y que quedó mi en mi memoria por la ternura que me provocaba.

Snoopy.

Ésa nariz apuntando al cielo, esa sonrisa en tu rostro, los cientos de rulitos que adornaban tus hombros y el aroma de tu perfume ya impregnado en mi ropa, fabricaron uno de los momentos más lindos que puedo recordar... Yo, deslumbrado frente a la inmensa cantidad de detalles que absorbía de ti y descubriendo nuevas sensaciones, nuevos sentimientos al recordar cada uno de ellos mientras te escuchaba hablar.

Sentí en ese instante la deliciosa ansiedad de saber que aún hay mucho por vivir, muchos sentimientos desconocidos para mi, muchos momentos mágicos por delante que no lograba siquiera vislumbrar  en otros momentos de mi vida. Sencillamente abriste un nuevo universo frente a mi, lleno de nuevos sueños y metas que de manera muy, pero muy anticipada, ya deseaba realizar junto a ti.


domingo, 28 de mayo de 2017

Encuentro

Ya han pasado varios meses desde que te vi por primera vez en persona, y sin embargo la escena sigue tan viva en mi mente, que a diario gozo de repasar cada mágico minuto de ese 24 de junio.
Sin una pizca de nervios, me dirigí al encuentro pactado, esperando que asistieras. Imaginando conversaciones, situaciones, temas, reacciones... Repasaba en una conversación imaginaria cada respuesta, esperando hacerlo bien, pronunciar todas las "s" y no tartamudear.
20.20pm, metro Universidad Católica, 10 minutos antes...
La ansiedad comenzaba a jugar conmigo. Concentré toda mi atención en ver la mayor cantidad de caras posible para encontrarte primero. Un juego que inventé para pasar el rato e intentar ganarle a la ansiedad que me aventajaba.
Personas a mi alrededor, personas al otro lado de la calle...en cada una de ellas puse una gota del deseo de querer que fueras tú.
El juego hizo que olvidara por un rato el frío que comenzaba a caer sobre Santiago, pues por ser viernes, la cantidad de rostros y el flujo apurado de la masa hacía que ya el juego se transformara en un reto.
Uff...un descanso; caminé tres pasos hacia el borde de la escalera que lleva al interior del metro y en ese preciso instante sucedió...no podía creerlo.
Fué automático. Nuestras miradas se cruzaron al instante.
Desde ese momento, que duro a penas unos segundos, entendí que el lenguaje que aprendí desde pequeño, que llevaba usando a diario por 33 años para comunicarme con el resto de los seres humanos, el mismo lenguaje que surgió hace 16 siglos, ya no me serviría para describir lo que sentí en ese momento.
Cada uno de los poemas que leí durante mi vida...nada de eso servía. Nada podía compararse.
Mi vida cambió. Y pude darme cuenta porque bastó con verte a los ojos mientras subías esa escalera, mientras acortabas la distancia que nos separaba con cada paso que dabas.
Pude darme cuenta, con la sonrisa que me regalaste dibujada en tu rostro, que el tiempo transcurrió más lento. Qué todos los sonidos de ésta inmensa ciudad se difuminaban hasta enmudecer. Qué el resto de las personas a nuestro alrededor se transformaban en objetos inanimados sin ninguna importancia. Que todo el cuadro a tu alrededor se tornaba difuso, sin sentido. Que solo tu rostro era alcanzado por absolutamente toda mi atención, por todos mis sentidos.
Supe en ese instante que el universo entero, esa noche, no existía. Solo existíamos tu y yo.


¿Cuanto llevamos?