domingo, 18 de junio de 2017

Snoopy

El día de nuestro primer encuentro noté algo de ti que sencillamente me encantó.

Fuera de lo que obviamente entra por la vista (que fue lo que primero hizo saltar mi corazón), fue tu manera de caminar.

Luego de un nervioso beso en la mejilla y un par de palabras cruzadas olvidadas y sobrescritas por la tensión, caminamos un par de cuadras en busca de algún lugar para engañar a los nervios haciendo trabajar al estómago.

De reojo me di cuenta que, a medida que caminábamos, tu altura aumentaba y disminuía con cada paso... Ese subir y bajar ya lo había visto en alguna parte, pensé. Algo que me había llamado la atención cuando pequeño y que quedó mi en mi memoria por la ternura que me provocaba.

Snoopy.

Ésa nariz apuntando al cielo, esa sonrisa en tu rostro, los cientos de rulitos que adornaban tus hombros y el aroma de tu perfume ya impregnado en mi ropa, fabricaron uno de los momentos más lindos que puedo recordar... Yo, deslumbrado frente a la inmensa cantidad de detalles que absorbía de ti y descubriendo nuevas sensaciones, nuevos sentimientos al recordar cada uno de ellos mientras te escuchaba hablar.

Sentí en ese instante la deliciosa ansiedad de saber que aún hay mucho por vivir, muchos sentimientos desconocidos para mi, muchos momentos mágicos por delante que no lograba siquiera vislumbrar  en otros momentos de mi vida. Sencillamente abriste un nuevo universo frente a mi, lleno de nuevos sueños y metas que de manera muy, pero muy anticipada, ya deseaba realizar junto a ti.


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